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Un día en la tierra del fuego eterno

Rodrigo Roldán Jiiménez | 28 de octubre, 2007 | Regresar

II parte

En las noches, nos dedicamos a conversar y a jugar naipe, con el infaltable café y en eso se le va el rato a uno. A veces, debemos dormir en el puro suelo con el consiguiente dolor de espalda al día siguiente. Otras en camas de caña brava que, por cierto, las considero muy cómodas o en colchonetas donde existan. Creo que uno de los más célebres dormitorios es el que hicimos en la localidad de Sharabata, que nos tocó dormir en la iglesia del lugar, que es realmente un galerón con paredes de caña brava, que cubren solamente lo necesario y dejan espacio suficiente para que entre cualquier animal.

Una señora nos prestó un colchón, así que lo pusimos sobre unas latas de zinc y una puerta pero atravesada de forma que, por lo menos, la espalda quedara dentro del colchón, el único problema es que a un gallo se le ocurrió cantar en el recinto a las cuatro de la mañana, era muy buena idea, además de la gallina que encontraba los sleeping muy cómodos para echarse aunque el dueño estuviera dentro.

Con el baño en general no hay inconvenientes, normalmente en los lugares donde vamos existe al menos un tubo y, a partir de este y si hay hojas de plátano, nos hacemos uno, con cortina y todo, así que, a pesar de la dureza de las condiciones, siempre existe algún confort aunque sea en cosas tan simples como bañarse. Claro, hay que ver que a veces no queda más que ir al río o quebrada más cercana, que en general tienen un agua sumamente fría.

Asimismo, hay lugares donde definitivamente bañarse es toda una odisea, y ni hablar de las necesidades fisiológicas. Hay cosas tan particulares como tener que usar un barranco con un palo para sostenerse, letrinas con tres paredes y el frente descubierto que son las que llamamos con "vista panorámica" y otras que, casualmente, se ubican al frente de un camino con bastante tránsito.

Como puede verse, aquí las cosas a veces se pueden poner difíciles, sobre todo en aquellas comunidades donde, para llegar, hay que cruzar el río Chirripó, que tiene un cauce amplio y bastante caudaloso, por lo que un aguacero obliga muchas veces a dar rodeos sumamente prolongados o pasar por un cable sobre el cauce, en algunos pasos hay un andarivel, en otros hay que cruzar en una rola generalmente hecha de mecate.

En cuanto a llevar salud a la población indígena, la atención es completa: hay consulta médica para niños, adultos y ancianos, mujeres embarazadas, el control de vacuanción y el despacho de los medicamentos. Siempre velamos por darle un seguimiento a los pacientes que lo requieran.

El regreso no deja de ser emocionante, sabemos que volvemos a ver a nuestras familias, lo que hace el camino más llevadero y, a menudo, entretenido. Siempre hay una anécdota nueva que contar y las mismas situaciones de peligro se vuelven parte del repertorio.

Existen infinidad de historias que podría contar, sin embargo, no cabrían en un par de páginas. Lo que siempre encontrarán en ellas es: valor, solidaridad, esfuerzo y, sobre todo, la satisfacción del deber cumplido

Una vez en el EBAIS, nos aseamos y abordamos el vehículo, al que cariñosamente llamamos LA CATALINA, y volvemos a nuestros hogares, para el lunes estar nuevamente listos para dar nuestro granito de arena, para mejorar un poco las condiciones de vida de las comunidades indígenas de Chirripó.

No sería justo no mencionar a quienes estuvieron aquí antes y que dieron un gran aporte para hacer de esta zona, pionera en la atención integral a la población indígena, entre ellos los doctores Carlos José Vanderlat, Diana Moshein, Geovany Vargas, Otton Obando, Guillermo Cubillo, Roy Garita y Gustavo Miranda, mi colega Juan Rafael Díaz Castillo y el Auxiliar de Enfermería Carlos Umaña. Asimismo, tantos estudiantes de medicina que nos han acompañado y que, como es tradicional, se llevan de regalo un apodo.

Hay algo que, a título personal, quiero agregar: todos los que trabajamos acá, más que compañeros de trabajo, somos como una familia, cuidamos unos de los otros. El equipo entra junto y sale junto, nadie es dejado atrás bajo ninguna circunstancia.

Compartimos muchas veces la lesión de un compañero, el cansancio y el esfuerzo, somos más que empleados de la salud, realmente como dice el libro homónimo de Stephen E. Ambrose, una Banda de Hermanos, esto es Chirripó, como dijo el Doctor Guillermo Cubillo Jiménez, una Tierra de Esperanza.

Aquí dejo pues un relato breve de lo que es el trabajo de los tres EBAIS de la zona indígena Chirripó Cabécar, no Talamanca, como hacen creer los medios de comunicación, un tanto olvidada pero viva aún.

Francisco Arturo Salas Smith
Técnico de Farmacia Duchí Etká¤

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